
Luis Alfonso García: gran ausente.
Por Jesús Alberto Rubio.
A punto de que inicien las hostilidades entre Yaquis-Águilas y Tomateros-Algodoneros, mire mis apreciaciones sobre el Club Naranjeros de Hermosillo, eliminado por segundo año seguido en el primer play off de postemporada.
Antes de iniciar con el tema, entiéndase que es algo casi imposible que un equipo sea campeón o finalista cada año. Pero, en el caso de Hermosillo, por su tradición y todo lo que representa en la Liga Mexicana del Pacífico, bien vale la pena hacer un análisis objetivo de algunas causas que le llevaron a su eliminación:
A ver, amigos.
Primer factor en contra:
Indudable: La ausencia de Luis Alfonso García –campeón jonronero y muchas cosas más (JMV) en las tres anteriores campañas–, resultó un golpe muy duro en las aspiraciones campeoniles del equipo.
Por supuesto que su usual poder productivo hizo mucha falta al equipo capitalino.
Mire esta referencia:
Si nos vamos a la historia, valga la comparación, fue algo así como cuando Héctor Espino, ya todo poderoso, se ausentó de Hermosillo en la temporada 1968-1969 de la entonces Invernal de Sonora para irse a jugar a Zacatecas en la Liga Mayor de la Laguna.
Aquella vez, al no reportarse, “El Niño Asesino” sería castigado por la franquicia, calificándolo de “Rebelde”.
Dicen los conocedores que lo hizo por dos razones: no le pagaron lo que pedía; la otra, por desavenencias con el mánager Memo Garibay, versión que resultó inconsistente.
Ahora, con Luis Alfonso García, saltó la misma presunción señalándose que el nativo de Guadalajara exigió mejor respuesta salarial a su nivel de liderazgo ofensivo en el equipo naranja.
La versión oficial, sin embargo, fue que no recibió permiso de su equipo, las Águilas de Rakuten, en el beisbol japonés tras su primera temporada con aquel conjunto… que no fue cosa de otro mundo. (261, con 8 jonrones y 34 empujadas en 88 partidos).
Se entiende que –de acuerdo a lo dicho–, en estos días de enero ya debe estar con su team en entrenamientos de pretemporada. Veremos eso.
También, no lo olvide:
El sorpresivo cambio de mánager –por segundo año seguido– y casi en el mismo periodo, no fue una solución del todo acertada. Bill Plummer hizo el trabajo, pero Ever Magallanes tenía todo para hacerlo mejor.

¿Era urgente y necesario ese cambio?, fue la pregunta inmediata. Y más, cuando se trajo a un mánager con experiencia en Ligas Menores de EU pero sin conocer el actual beisbol de la LMP y habiendo en esos días estrategas mexicanos sin trabajo (Mario Mendoza y J.J. Pacho, por ejemplo).
Cambios inesperados y malas contrataciones
Otros dos factores que también pudieron haber marcado el destino del equipo Naranja:
A).- La repentina decisión (en junio de 2011) de cambiar a Chris Roberson y Gerónimo Gil a los Águilas de Mexicali por el pitcher Álex Hinshaw, el novato Ángel Chavarín y la primera selección del draft 2011, el lanzador Miguel Ruiz. En este proceso también mandaron al “Borrego” Sandoval “en calidad de préstamo” a los Yaquis para darle oportunidad al prospecto Walter Ibarra y ya sabe lo que sucedió.
La broma fue que con el devenir de los días, de pronto los fronterizos comenzaron a recibir el mote de “Naranjeros de Mexicali” al tener al mismo Gil, Roberson, Germán Durán, el “Canelo” Canizález, Jorge Guzmán, Óscar Villarreal y Mauricio Tequida, dígame usted.
B).- “La bola” de movimientos (cambios) que durante toda la temporada realizó la directiva Naranja al no funcionarle los importados, además de lesiones de Erubiel Durazo (prolongada); Karim García, Jessie Gutiérrez, etc., y que remacharon con la de Jorge Cantú, lo que dio también al traste con el equipo en su deseo de conquistar el título 16.

Chris Roberson.
Caso Cantú
Sonó increíble que por su lesión, en fase de peligro para poder jugar o no de frente a postemporada, haya sido de baja. ¿A un jugador de su nivel hacerle eso? (Activaron por él al relevista dominicano Claudio Vargas).
Aquí también saltó la hipótesis de que pidió más money para jugar en play offs y “al no tener respuesta”, se montó todo el “circo” que prosiguió incluso con su presencia “para alentar al equipo” en el dogout Naranjero. Vaya usted a saber.
¿Uno más?:
El pésimo bullpen visto durante las dos vueltas, especialmente en la primera. La locura.
Sandy Nin refrendó esa realidad en el cuarto juego del primer play off cuando no pudo mantener una ventaja de 2-0 en el noveno ante Mexicali. Ya sabe esa dramática historia y ahí los Águilas volaron muy alto hacia la semifinal.
Bueno: una vez más sucedió lo de siempre en el equipo capitalino, algo que no es costumbre en otras franquicias: el hecho de que los “caballos” vengan a jugar a partir de noviembre-diciembre y con algunos que “abandonan el barco” porque sus organizaciones en MLB ya no lo permiten (Caso Juan Pablo Oramas/Padres de San Diego).
Hay otros factores, pero por hoy es suficiente.
Sólo concluiré con el comentario generalizado de que además del objetivo del proceso de cambio generacional en el equipo… no falta quien diga que “se jugó con el score” pensando en que en la siguiente temporada (2012-2013) Hermosillo echará toda la carne al asador buscando ser en su nuevo estadio el anfitrión de clásico caribeño, claro si es que lo terminan de construir.
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