Por: Darien Felipe
Era un niño cuando, comenzó a despertar en mi, ese amor por el béisbol, creo que andaba por los 5 años cuando mi abuelo me regalo mi primer bate, no era de tiendas, ni de marca, había salido de sus manos especialmente para mi, por aquel sueño suyo de que yo fuese pelotero.
Y entonces olvide de jugar con indios y vaqueros para que el parque se convirtiera en mi estadio junto a todos los muchachos del barrio que como yo soñábamos con la pelota. Así comenzaba amar al béisbol, en aquellos domingos en que le interrumpía el sueño a mi padre cuando apenas había salido el sol para comenzar a batear mi pelota de trapo, esa que golpeo a mas de un vecino, cayó en mas de un jardín y era mágica, como todo lo que viene de mi mamá.
Me regalaron aquel traje de pelotero con ese nombre de las cuatro letras delante que se hace llamar Cuba y con el que gane aquel concurso de disfraces cuando todo el mundo andaba disfrazado de súper héroes y yo me aparecí como pelotero y aquel guante en mi mano izquierda que aún guardo en mi gaveta.
Entonces mis dibujos no eran de hombres robots, ni de naves espaciales, eran estadios o peloteros, y no se cuantos pedidos tuve que cumplir en aquellas tardes escolares en que la lluvia nos impedía salir al parque para hacer lo que mas nos gustaba, jugar pelota.
Y así fue pasando el tiempo, yo de la mano del béisbol, todo en mi vida era béisbol, aquella noche en que me escape al estadio para ver mi primer juego nocturno junto con los compañeros del aula, cuando en mi casa me hacían terminando un trabajo escolar, y mejor ni contarle lo que sucedió cuando llegue a casa.
Llenaba libretas de fotos de peloteros, de notas de periódicos, en la escuela hasta creamos aquella liga de pelota que en el juego final en pleno horario docente llenamos el patio de maestros y alumnos, en aquella misma tarde en el que el Papa Juan Pablo II llegaba a Cuba y su avión cruzó el cielo en el mismo momento en que celebrábamos nuestro triunfo y nos ganábamos ese diploma que aún guardo como uno de los mas queridos.
Han sido tantas los momentos vividos alrededor del béisbol, cuando salíamos de la escuela directo al parqueo para tomar revancha contra el equipo que la tarde anterior nos había derrotado, cuando reuníamos peso a peso para comprarnos una pelota de verdad, para el juego de fin de semana y entonces todo ese amor por el único deporte que creíamos que existía en todo el mundo y no entendíamos porque en la educación física nos obligaban a jugar baloncesto, cuando la pelota era lo de nosotros.
Me han faltado muchas cosas por contarle acerca del béisbol en mi vida, desde aquella medalla de oro que toque cuando el hijo de mi maestra se hizo campeón en aquel 1997 con un Pinar del Río que no ha podido volverse ha encontrar con el título, aquel paseo con ese Kendry Morales que hoy brilla en las grandes ligas.
Es béisbol es uno de mis amores, Maby no se me pone brava aunque ya este pensando lo que pueda suceder cuando comience la temporada y ella guarde a Pinar del Río en su corazón y yo ande por Santiago de Cuba, ¡¡¡hay los amores¡¡¡. |