Por Jaime E. Rey
Un hijo dice a su padre, “papá dame dos mil pesos”. ¿”Para que los
quieres”?, responde el padre. “Es que me voy a casar y los necesito
para comprarle los anillos a mi prometida”.
Replica el padre, “me lleva la chin…. Yo tengo 40 años casado con tu
madre y ni siquiera le he cambiado el aceite y tú ya vas a ponerle
anillos a tu futura esposa”.
Stephen Strasburg, quien supuestamente borraría todo lo hecho por
todos los pitchers inmortales habidos y por haber, apenas llegó y con
sólo 68 entradas lanzadas para los Nacionales de Wahington ya necesita
cambio de brazo y le meterán el bisturí.
Terribles las últimas noticias del joven con brazo de 20 mil kilates.
Será sometido a la “cirugía Tommy John”. Se perderá el resto de esta
temporada y es probable que aunque salga bien, toda la próxima.
Como sea la magia, el encanto, la expectativa de una esplendorosa
carrera peligra. Ojala no, sea así, pero Strasburg regresará como otro
pitcher. Quizá pitcher ganador pero ya no extraordinario. Estará bien
aun sin regresar pues le dieron 15.1 millones por su firma, sin
mocharse con algún equipo, como los nuestros.
Abundan casos como el suyo y los regresos son penosos. El brazo humano
no se hizo para lanzar pelotas a 102 millas por hora. El beisbol tiene
dos cosas únicas por lo difícil; batear un proyectil de más de 100
millas. Lo otro, lanzar ese proyectil.
Ambas cosas se pueden hacer y hacerse por largo tiempo con buena
mecánica. Strasburg sólo lanzó en las mayores esas 68 magnificas
entradas, 5-3, pcl 2.91, y 92 ponches con lanzamientos de hasta 105
millas. Poco trabajo para desintegrarse.
El problema de Strasburg es de mecánica. Según el coach de pitcheo de
los Indios de Cleveland, su problema es que cuando pone el brazo de
lanzar en forma de “L”, ya para impulsarse y lanzar su codo queda más
alto que el hombro. Eso contrae músculos y daña hombro y codo.
He analizado muchas fotos de pitchers de todos los tiempos y sí
detecto validez en lo que el coach dice. En los pitchers más durareros
el codo se ve más bajo que el hombro.
En algunas fotos de Jaime García, nuestro novato sensación, se le ve
el defecto de Strasburg. En excelente foto del chamaco Luís Heredia en
purobeisbol.com, notamos un codo más bajo. Ojala ambos duren muchos
años.
Estas sutilezas son importantes. La maravilla para muchos es que se
llegue a la mayores con pequeños defectos detectables y corregibles.
Lo que no se entiende es que también allá hay favoritismo y no todos
los coaches son seleccionados por su sabiduría. Por ejemplo hay pocos
coaches de raza negra supervisando el pitcheo u otras fases
importantes.
Además en el camino y, aun en las mayores, los pitchers pasan por
varios coaches y algunos cambian lo bueno e ignoran lo malo.
Los peloteros son tercos y renuentes a corregir lo que les funciona.
La mayoría saca outs y cree que con eso basta. Sin sufrir dolor pocos
buscan correcciones posibles. Managers y coaches suelen decirles,
“hazlo como te sientas cómodo”.
Este consejo más veces que no es peligro. Se evaden responsabilidades
por flojera o por falta de conocimientos. Pero lo cómodo de hoy en los
pitchers puede ser su desgracia del mañana.
Nolan Ryan, Roger Clemens, Walter Johnson y otros lanzadores de poder
han lanzado rápidas de cien o más millas durante más de 20 años
promediando hasta más de 150 lanzamientos por juego con mecánica
ideal.
Su balance y todos sus movimientos siempre perfectos. Arte pictórico
en movimiento. Perfección alcanzable por pocos y con mucha práctica.
A Fernando no se lo acabó Tom La Sorda. Lo acabó el tirabuzón, el más
dañino de los lanzamientos.
Exageran los límites de lanzamientos. Son más dañinos 35 lanzamientos
con una defectuosa mecánica que 135 con una correcta.
Ver lanzar a Sandy Koufax era como ver ángeles bailando ballet:
Perfecto en todos sus movimientos lanzaba con fluidez con naturalidad.
Pero hizo evidente que no se puede violar la naturaleza y lanzar no es
natural. Koufax se retiró joven y se habló de un brazo artrítico, sólo
uno, el de lanzar.
En mi libro, “El Majestuoso Arte del Pitcheo”, señalo que lanzar es
un arte científico. Algo que no se puede practicar sin perfecta
coordinación y largo aprendizaje.
¿Por que Dios no haría el brazo ideal para lanzar o bajó a enseñar
como hacerlo sanamente? |