Por Jaime E. Rey
Al chamaco Luis Heredia lo compró (si lo compró, en el beisbol hay
venta de esclavos) Piratas de Pittsburgh al Águila de Veracruz por 2.7
millones de dólares.
Aunque esta venta es un record para un pelotero mexicano nada tiene
de raro porque ese mercado es típico en el virginal e íntegro beisbol
mexicano, aunque no así en países menos civilizados, jeje.
Por ejemplo en Estados Unidos, donde esa bonificación sería enana
comparada con lo que típicamente se le paga a un prospecto, es raro se
les compre a la tierna edad de 15 o 16 años, o hasta de más edad.
Allá se negocia con el chamaco y su familia. El joven regularmente
es colegial y no le pertenece a nadie, situación que cambia cuando
recibe la bonificación y firma un contrato-compromiso con el equipo
que lo bonifica.
Los contratos son diferidos y se usan otras cláusulas legales para
que el joven se quede con aproximadamente el 70% de lo contratado. El
30% es más o menos lo que el gobierno le cobra en impuestos.
Aquí es imposible o casi imposible para los gringos firmar a un
prospecto sin comprarlo a un equipo que si acaso tiene invertidos en
el pelotero unos cuantos miles de pesos.
Es así que los gatos García, los Mikes Brito y otros andan hasta
moviendo piedras para encontrar jóvenes que vender. Luego los hacen
propiedad de algún equipo sin que el joven lo sepa. He ahí la sopa y
caldo de un beisbol ineficaz que se mantiene con sudor ajeno.
Es bueno que un mexicano se haga rico, pero es risible que Roberto
Magdaleno alabe la actitud, por no llamarla robo, del equipo Águilas.
De inmediato el joven recibirá como 900 mil dólares, que serán
arañados por varios, incluyendo el gobierno. El equipo se queda con
1.7 millones por hacer algo que debe ser ilegal, sea o no costumbre.
Dice Roberto que el chamaco sólo tenía derecho al 25%. Vaya chamaco
tan aprovechado. Alguien debería proteger a los mañosos.
LOU PINIELLA SE VA DE CUBS.
Agosto 22, 20010, día histórico en el que Lou Piniella lloró. Pero
no lloró de alegría porque se retiró de Cachorros de Chicago. En más
de 100 años de luto millones han llorado con el patético equipo sin
retirarse o abandonarlo.
Lou lloró porque deja el beisbol, aunque se duda que sea para siempre.
Si por las venas de Tom LaSorda corre sangre azul Dodgers, por las de
Piniella corre de varios colores de los uniformes que ha vestido con
más o menos éxito.
Su último equipo nada de más o menos tiene, es un eterno fracaso. A
Lou le pareció cómica, exagerada o destruible la tradición de Cubs.
Llegó todo entusiasmo y optimismo a un equipo de popularidad ganada en
lo cursi, en el fracaso, en la desesperanza.
Con esa tradición cualquier manager cree no necesitar ganar, que el
puesto será cómodo. Eso creyó Lou sin conocer el instinto del fanático
de Cubs. Los beatos religiosos se flagelan con látigos por el amor a
su dios. Los amantes del equipo se flagelan con sus derrotas con un
amor morboso.
Pero odian las derrotas como las odian los normales. Son anormales en
que les gusta verlas y llenan su estadio. Eso lo hacían celebrando
eufóricos toda acción, pero nunca gritando improperios al manager.
Ahora hasta lo cuestionan y critican en programas deportivos por
radio.
Pero un ambiente hostil no intimida ni hace correr a Lou. Él creó un
ambiente intolerable para él, su empleador y sus peloteros. El mes
pasado, ya con la temporada declarada un desastre, Piniella anunció
que al final se retiraría.
Si no le sacaba nada bueno a su equipo en posición de motivarlos como
lo haría asiéndoles saber que los abandonaba, que tiraría la toalla,
pero cuando más le convenía. Debió tirarla el día del anuncio, pero
hasta ayer hizo lo correcto.
Que se retira después de 50 años de servicio al beisbol como jugador y
manager tras vergonzante derrota de 16-5 en nada le demerita. Tampoco
le resta merito el haber aceptado el reto de manejar un equipo que
tiene un siglo descarrilado.
Lou ha dicho que malinterpretó a Chicago. No se si lo creyó cómodo y placentero.
Después de 102 años sin ganar una Serie Mundial e infinidad de años
terminado entre los equipos coleros, ¿quién exige victorias?
Lou descubrió que no todo es “me vale” en el Norte de Chicago. |