Por Marco Nuñez Yuren / Para Beisbolicos.com
Fue un digno juego de Serie Mundial. Tuvo todos los ingredientes que solo en octubre se ven. La magia, encanto, emoción y belleza que el Clásico de Otoño ofrece.
Una fría y lluviosa noche presentó a Rangers y Cardinals para iniciar la 107ª versión de la fiesta grande del beisbol.
El estadio Bush tapizado de rojo, el símbolo de la pasión que en ellos no es inusual, sino todo lo contrario es una costumbre, vive su segunda serie grande del beisbol en su corta historia de 6 temporadas.
Tony Larussa sabe que lo más grande que tiene su equipo es su corazón y entrega, por eso mandó a su as del staff, Chris Carpenter, a lanzar el primer juego de la serie. Desde la primera entrada el mensaje de Cardinals a Rangers, fue claro: vamos a pelear cada out con alma, vida y corazón.
Prueba de ello fue la primera entrada del juego, donde ese mensaje de la garra y entrega que han hecho lujo los Cardinals para llegar por 18ª vez a la Serie Mundial, quedó más que claro.
Un roletazo entre primera y segunda fildeado por Alberto Pujols, obligó a Carpenter a cubrir la inicial. Pujols le lanzó la pelota muy adelantado a la base, lenta y flotada la pelota viajó a la base. Carpenter, en una estampa de emoción y peligro, alcanzó la esférica con un clavado digno de clavadista panamericano, para de cabeza y con el brazo estirado alcanzar la base, poniendo en riesgo su integridad.
Ese fue el mensaje del lanzador Carpenter, pero su receptor Yadier Molina tampoco se quería quedar atrás, y tal como se había previsto en este espacio, no tardó para poner fuera a su primer corredor en segunda. Ian Kinsler, después de ponerse en base producto de un error del David Freese, se lanzó a la aventura hacia la segunda base. Molina dijo no, y con un riflazo lo sentenció en segunda.
Uno-dos, punch letal de Cardinals y Rangers.
Mejor inicio no se veía hace mucho en una Serie Mundial.
Después de eso, fue tensión y nervio, donde la sangre fría de Larussa prevaleció sobre la de Ron Washington.
Texas recayó su juego sólo en un buen batazo de su receptor Mike Napoli quien empató el juego a 2 carreras en la quinta entrada producto de un cuadrangular, antes, un hit con ojos de Lance Berkman le había dado la ventaja a los pájaros rojos.
Con el juego empatado a 2 todo quedaba en manos de los managers, tal como debe de ser en una Serie Mundial. El instinto para dirigir es la clave para triunfar, y de eso y más nadie sabe más que Tony Larussa.
El momento, la sexta entrada con dos outs y dos hombres en base, venía el turno al bate del pitcher Chris Carpenter quien se había ponchado en un par de ocasiones pero su brazo tenía neutralizados a los Rangers.
Bien dicen que en la Serie Mundial los héroes no son las grandes estrellas, porque de ellos siempre se espera todo, sino los que menos se espera saltan a la luz y son la diferencia entre un título y una derrota. St. Louis lo sabe bien. En el 2006 su gran héroe no fue Alberto Pujols ni Scott Rolen, ni mucho menos Jim Edmonds, sino el más pequeño del equipo David Eckstein quien se alzó como el MVP bateando para .364.
Por eso Larussa apostó por Allen Craig, un jugador de segundo año quien apenas suma 119 juegos en su carrera, para ser el héroe del juego.
Craig conectó un lanzamiento afuera de Alexi Ogando hacia el jardín derecho. Nelson Cruz, el jardinero Ranger lo persiguió pero nunca contó que el efecto de ese batazo hiciera que se abriera más y más, Cruz no lo supo medir y por milímetros perdió la pelota su guante.
Esos milímetros fueron la diferencia del triunfo de Cardinals 3 a 2. Esos milímetros fueron la distancia entre la mente y decisión de Larussa. Esos milímetros tienen a Cardinals 1 a 0 arriba en la Serie Mundial.
Twitter: @Marco_NY23
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